Me voy

Se levantó como todas las mañanas hacía ya casi diez años. A las siete en punto. Se sentó en el borde de la cama y durante un largo rato miró fijamente a sus pies, diluyendo sus pensamientos en la observancia de sus huesudos dedos. Se calzó las zapatillas raídas, las mismas que desde hace ya casi diez años arrastraba en paseos circundantes por toda la casa y que en ese trasegar habían perdido la forma y hasta el color. Parapetado en ellas, empujando su cuerpo triste caminó por el pasillo que conduce a la cocina. Sigue leyendo