Acerca de Y pensándolo bien

Periodista y grafóloga colombiana afincada en España. Profesional en Comunicación Social y Periodismo por la Fundación Universitaria Los Libertadores / Técnica en periodismo por la Fundación Universitaria Inpahu / Grafóloga y Perito Calígrafa, por la Sociedad Asturiana de Grafología-ESNE.

Apurando lo inconcluso

Cuando entraste en casa aquella tarde, no sabía yo que volvías para irte. No sabía yo que volvías para abrazar con fatiga, para amar con desgano, para estar sin estar. No sabía yo ¡que volvías para apurar lo inconcluso!

Y llegaste para irte

Y entonces, mis ojos se fijaron en tu estar difuso y comprendí que éste era el agur que dejamos suspendido hace tiempo. Mi mirada acompañó tu partida sin sentir dolor, sin rabia, sin angustia y el rencor pasó de largo. Y entonces, la apatía se fue de fiesta

Y decidí recordarte con agradecimiento por las promesas no selladas, por los “te quiero” no pronunciados, por los abrazos no dados, por los besos no sentidos, por los suspiros con destino ajeno y por todo, todo lo revelado en tu mirada perdida

Devolví tú risa al universo y deposité en la tierra tu pasión perdida. Entonces abracé con mi alma tu recuerdo y vestí con mi alegría la nostalgia por lo que murió en su segundo intento

¿Y luego? luego tiré la almohada que ahuecaste, rompí los libros que leíste y en tu taza de café sembré una planta que hoy florece

El calor del verano llenará los vacíos y encenderá de nuevo la lumbre que se nos apagó en las manos ¡seguro!

¿Y en el otoño? ¡en el otoño a otra cosa!

Gracias por llegar con el invierno y marcharte en primavera.

La cepa

Fue un domingo de plan familiar frente al televisor. Emocionados vimos en nuestro recién estrenado Phillips, cómo un mastodonte de ocho plantas y cuatro mil ochocientas toneladas era desembrado de su terreno y removido 29 metros al sur en una ciudad que, para el año 1974, comenzaba a crecer por sus extremos -físicos y metafóricos- y necesitaba unir el oriente con el occidente para dar paso a la turbulenta calle 19 del centro de Bogotá, la ciudad que me parió (la primera vez). Sigue leyendo

Estafa

 

No nos une nada. Nada. Ni la carne ni el fuego que ayer fuimos

Ni el sol que nos alumbra, ni la luz de los domingos que nos regaló mil planes

No sé en qué punto desapareció ese hilo rojo que nos unió el alma y que pensamos nos fundiría en ésta y las vidas que vinieran

No lo sé Sigue leyendo

Sí hay muertos malos

Aquel año las estadísticas señalaron un asfixiante aumento en las temperaturas del verano. Los termómetros no paraban de subir y el asfalto rezumaba ese olor a brea que tarde a tarde amenazaba con derretir nuestros pulmones. Despertaba agosto en Madrid y los pocos cristianos que impávidos custodiábamos la ciudad, sentíamos que el sol nos achicharraba el cerebro cada vez que pisábamos la calle. Eran días en que media ciudad se torraba en las playas mediterráneas y la otra mitad sobrevivía a codazos en las piscinas municipales. Sigue leyendo

Te prometo flores

Llevaba años buscándote y no paré hasta encontrarte. Conocí tu habilidad para mimetizarte, para hacerte cada vez más pequeñita, para invisibilizarte. Se de tu destreza en esconderte en cuanto recoveco del camino has encontrado y percibí tu talento para ocultarte entre los surcos que en mi piel ha venido dejando la vida. Sigue leyendo

La extensión del amor

Hay amores que ganamos, o regalamos, por extensión. Amores porque sí, que vienen a sumar, que nos llegan heredados, que se asumen sin más, que se reciben sin mediar justificaciones, que se aceptan como hechos naturales en nuestra existencia y en los que no caben preguntas porque no existen respuestas para tanto que nos llenan.

Hay amores que hacemos extensibles a través de otros existentes, que se alargan más allá de toda creación y todo tiempo. Amores que germinan naturales, que damos sin esperar nada pues la razón de su existencia es algo que nunca nos planteamos. Amores originales, que sentimos dentro desde siempre y para siempre, esos que nos hacen creer que estaremos aquí, habitando el mundo, aun más allá de nuestro último aliento. Sigue leyendo

El olorcito del romero

foto 1Puedo recordar cada detalle de nuestra llegada a esta casa. Tu traías dos maletas con tu ropa y tus playeras; una caja de libros y otra con tus viejos vinilos y unos cuantos poemas. A la espalda traías la guitarra y enredada en tu melena, esas ganas locas de comerte el mundo. Una bolita peluda que lloraba en el jardín nos dio la bienvenida y con sus divertidos ojos negros y su menear de cola, dijo que se quedaba a nuestra vera y entonces la bautizamos Lola. Sigue leyendo