→El rechinar de la puerta giratoria indicando que alguien entraba, hizo que el funcionario parapetado tras la ventanilla de atención al público levantara la cabeza para observar a la chica que entraba en aquella desangelada oficina de objetos perdidos.
Una joven menuda, de apariencia frágil y acompañada por un perro guía, que al entrar se detuvo por un momento en el recibidor para acortar la cuerda que la unía a su lazarillo, avanzaba con paso seguro, como si caminara por un lugar ya transitado, en dirección a la ventanilla de atención al público. Sigue leyendo