→Quería que vinieras a escribir mi historia y temeraria desafié al destino. Te esperé en la esquina más bella de mi vida, vestida de alegría y sacudida de dolores mientras tejía puentes con hilos de colores porque tu llegada merecía una fiesta. Detuve el tiempo en primavera y bailé contigo por las noches; mandé al carajo a mi siquiatra y aprendí a hornear pasteles de vainilla. Te vestí de abrazos y reposé en tu almohada, mientras enredaba mis pies a los tuyos para ver la tele, para acompañar tus pasos, para ir contigo al fin del mundo. Acaricié tus risos con mis manos y me propuse comprender lo que pensabas. Dormí pegada a tu piel y en los crepúsculos velé tus sueños, soñando, que la felicidad habitaba en tu chistera.
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Sabía que vendrías
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