LA FINITUD

Dicen que la conciencia de la finitud solo se experimenta cuando nos encontramos frente a frente con la muerte y que ella, sabedora de su absoluto poder de derribo, como la peor de las guasonas nos mira a los ojos y nos reta. Esa huesuda aparece sin aviso y nos despoja de toda alegría, nos roba, nos asalta por la espalda y nos tira al suelo con saña. Nos asfixia, se ríe de nosotros mientras nos dispara a bocajarro y en menos de un segundo nos destroza la paz y, con ella, también un pedacito de la vida. Porque sí, porque el dolor por cada uno de nuestros amores que se lleva su guadaña nos acorta de alguna manera la existencia. Porque sí, porque con ellos, la muy maldita también nos mata un poco por dentro.  

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