Querido Klaus

Ya lo sabía, lo sentía y lo sufría, pero al efecto anestésico que da el enamoramiento le debo la ceguera de no querer ver lo que con tu comportamiento me mostrabas hacía ya unos meses. A esta edad, enamorarse como una adolescente no solo es una locura trágica en la que el absurdo y lo incoherente te llevan de la mano por el laberinto del sinsentido, sino que es subirte al tiovivo del ridículo, feriar el orgullo en un vertedero y arrojar a las manos de un pirado tu cordura para que haga vudú con ella. KALUS2O sea, que no está bien enamorarse cuando las ganas de sentirse querida son más fuertes que las ganas de quererse a sí misma… ¡Y así me fue! Hice de ti mi razón de ser, mi motivación, mi luz, mis días y mis noches, mi vida… pero con tus burlas y manipulaciones me fuiste dejando sin aire, me arrebataste el aliento y me regalaste los días más tristes de mi vida… ¡Aun así, no sé cuántos desgarros más estaba dispuesta a soportar por sentirme merecedora de tu amor! Sigue leyendo