→Si te grita y te miente, no te ama. Si te engaña y menosprecia, no te ama. Si te falta al respeto, te humilla y no empatiza contigo, no te ama. Si minimiza tus virtudes y maximiza tus fallos, desdeña tus sueños e infravalora tus posibilidades, no te ama. Si con un ¡Shshshs!! te silencia y con una mueca ignora tu opinión, no te ama. Si no te invita a su mundo y entrar al tuyo no le interesa; si desprecia lo que tú quieres y no se solidariza con tus causas, no te ama y, por consiguiente, no te merece. Sigue leyendo
Catarsis
→Gracias por liberarme del verdugo. Gracias porque tu habilidad de ladronzuelo de esquina me empujó a terminar de hacer la maleta que, luego del primer grito, ya había comenzado a preparar. Si te lo hubieras propuesto no te habría salido tan bien el plan de encender la luz para señalarme la salida que hacía tiempo buscaba. Sigue leyendo
El paraíso no existe
→Caminar sin mirar atrás es hacernos cargo de nuestras decisiones y cargar con ellas sin arrepentimientos, ni culpas, cuando éstas no han sido muy acertadas, es permitirnos avanzar por la vida sin lastrar el dolor por lo que pudo haber sido y no fue. Es decidir vivir sin resentimientos absurdos contra otros, o lo que es peor, contra nosotros mismos. Sigue leyendo
Vendrá
→Salió apresuradamente de la ducha y, mientras con una mano tiraba de la toalla que pendía del colgador, con la otra tomaba el pequeño reloj que descansaba en la encimera junto a una caja de medicamentos a medio abrir.
-¡Ups! ¡Ya voy tarde! Sigue leyendo
Me voy
→Se levantó como todas las mañanas hacía ya casi diez años. A las siete en punto. Se sentó en el borde de la cama y durante un largo rato miró fijamente a sus pies, diluyendo sus pensamientos en la observancia de sus huesudos dedos. Se calzó las zapatillas raídas, las mismas que desde hace ya casi diez años arrastraba en paseos circundantes por toda la casa y que en ese trasegar habían perdido la forma y hasta el color. Parapetado en ellas, empujando su cuerpo triste caminó por el pasillo que conduce a la cocina. Sigue leyendo
365 hojas de papel brillante
→Cuando era niña nada me hacía más ilusión que estrenar ropa y zapatos el día de Año Nuevo. Cuidaba con mimo que nada me manchara los vestidos y soñaba con caminar por las nubes para que los zapatos permanecieran intactos, conservando ese olor a nuevo que tanto me gustaba -¡y me sigue gustando!-. Sigue leyendo
Me quedo con el sol… porque ha llegado el invierno
→Hace unos años, cuando de un día para otro el otoño pasaba de sus románticos tonos ocre a un permanente gris oscuro (gris ratón, dice mi mami), algo en mi estado de ánimo se desconectaba y en ese estado permanecía hasta cuando volvían los primeros tonos verdes de la primavera. Es decir, pasaba todo el invierno con el cable de la energía desconectado y alejado del enchufe emocional que produce la alegría.
Replanteando exigencias
→Ayer recibí una llamada de mi amiga Amanda, quien por estas fechas y desde el lugar del mundo en el que se encuentre, siempre hace presencia para regalarme sus buenos deseos antes de comenzar el año nuevo.
Cuando nos conocimos, teníamos toda la vida por delante, éramos bellas y solteras… bueno, seguimos siendo todo esto, inclusive solteras, aunque entre las dos hay una diferencia. Yo me bajé de la nube de los cuentos de hadas hace bastantes años, mientras que ella sigue creyendo que es una cenicienta a quien el príncipe azul la está buscando desesperadamente por el mundo para rescatarla de sus casi cincuenta años de soltería ¡flaco favor le hizo su madre regalándole como primera lectura el cuento de La cenicienta! Sigue leyendo
Los diamantes de la corona
→ El sábado tuve la suerte de sentarme en ese templo bautizado como Teatro Lírico Nacional La Zarzuela a disfrutar la penúltima representación de Los diamantes de la corona, de Francisco Barbieri y cuya dirección orquestal estuvo a cargo del brillantísimo maestro y amigo asturiano, Óliver Díaz. Sigue leyendo
Promesas incumplidas
→ Todos los diciembres, como todos los eneros, los febreros, los marzos… vienen con sus particulares promesas. Llegó diciembre y, como si en simultánea con las luces navideñas sonara el silbato para que los propósitos de fin de año alisten su partida, todos –y me incluyo- comenzamos a apurar las intenciones que hemos venido arrastrando desde que escuchamos en alguna parte que alguien dijo: año nuevo, vida nueva. Sigue leyendo





