Alquimistas postmodernos

La historia de Santos es una historia triste, como lo son todas las historias de migración obligada, como lo es la vida de los “sin papeles”; como son las circunstancias de una sociedad “tercermundista” que doblegada por la inequidad empuja a sus hijos al desarraigo y los arroja a las calles del “primer mundo”, en las que las zancadillas –puestas de mil maneras- niegan también la posibilidad de la subsistencia digna.

Crónica que me ha sido publicada en el Diario El País, y que te invito a leer aquí

Cómplices

Los amigos han llegado a mí como milagros. Son extensiones de mis distintos YO que la vida -como lo hizo Hansel con las migas de pan en el cuento de Los Hermanos Grimm- ha ido poniendo estratégicamente para que los encontrara durante el recorrido que está suponiendo mi existencia. Han estado ahí para que yo los descubriera en cada una de las circunstancias de mi senda particular. Aunque tienen muchas coincidencias entre sí, cada momento me los ha traído distintos, con inquietudes y personalidades diferentes, aunque conectados todos por ese hilo común e invisible que liga para siempre, haciéndolos únicos e irremplazables por la complicidad con que nos miramos y la profundidad con que nos amamos. Sigue leyendo

Y así llegó hoy

Nunca le encontré demasiado sentido a la trillada frase “personas hechas a sí mismas” hasta que pensé y repensé, con detenimiento, por todo lo que ha tenido que pasar… hasta llegar a hoy.

Enfrentando el desgarro del abandono salió a la vida con la fuerza que la supervivencia insufla y la salvaguarda con que la adversidad sólo honra a los valientes. Resistiendo a días oscuros, a noches sin luna, a tiempos aciagos, a futuros inciertos y a soledades profundas… llegó a hoy. Sigue leyendo

Un objeto perdido

El rechinar de la puerta giratoria indicando que alguien entraba, hizo que el funcionario parapetado tras la ventanilla de atención al público levantara la cabeza para observar a la chica que entraba en aquella desangelada oficina de objetos perdidos.

images (1)Una joven menuda, de apariencia frágil y acompañada por un perro guía, que al entrar se detuvo por un momento en el recibidor para acortar la cuerda que la unía a su lazarillo, avanzaba con paso seguro, como si caminara por un lugar ya transitado, en dirección a la ventanilla de atención al público. Sigue leyendo

Querido Klaus

Ya lo sabía, lo sentía y lo sufría, pero al efecto anestésico que da el enamoramiento le debo la ceguera de no querer ver lo que con tu comportamiento me mostrabas hacía ya unos meses. A esta edad, enamorarse como una adolescente no solo es una locura trágica en la que el absurdo y lo incoherente te llevan de la mano por el laberinto del sinsentido, sino que es subirte al tiovivo del ridículo, feriar el orgullo en un vertedero y arrojar a las manos de un pirado tu cordura para que haga vudú con ella. KALUS2O sea, que no está bien enamorarse cuando las ganas de sentirse querida son más fuertes que las ganas de quererse a sí misma… ¡Y así me fue! Hice de ti mi razón de ser, mi motivación, mi luz, mis días y mis noches, mi vida… pero con tus burlas y manipulaciones me fuiste dejando sin aire, me arrebataste el aliento y me regalaste los días más tristes de mi vida… ¡Aun así, no sé cuántos desgarros más estaba dispuesta a soportar por sentirme merecedora de tu amor! Sigue leyendo

Corazonadas

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El corazón nos avisa cuando necesitamos un cambio en la hoja de ruta, en nuestra vida, en nuestro destino; cuando debemos ir al norte y no al sur; cuando debemos iniciar un camino, o por el contrario, necesitamos aquietar el movimiento y esperar. Hay quienes a esas señales les llaman corazonadas. Otros, intuición. Otros, presentimiento. Algunos hasta se atreven a llamarlas clarividencia. Pero hay quienes simplemente no las llaman de ninguna manera porque nunca se han detenido a escucharlas, ignoran su importancia, las acallan y les niegan la posibilidad de su existencia. Sigue leyendo

Buscando el lugar

Cuando encendió la luz para iluminar el recibidor de entrada a su casa, el único sonido que escuchó fue el que hacían los tres pequeños peces que se movían en círculos en el acuario puesto sobre la cornisa interna de la ventana del pasillo. Cerró la puerta y depositó sobre el secreter de la entrada, la bolsa de una tienda en la que esa tarde había comprado un pijama de algodón, su pequeño bolso de piel y, unas cuantas cartas que acababa de recoger del buzón.imagesCAWMRBBU Sigue leyendo